Cristina de Borbón, no pudo contenerse y quiso tener la última palabra en un pasillo antes de abandonar la sala de la Audiencia de Palma en la que se celebró el juicio del caso Noos.

La Infanta Cristina, dice lo que realmente piensa del país que la mantiene con todos los lujos a ella y su familia

164 días, 6 meses y 61 sesiones han hecho falta para que la Infanta Cristina de Borbón explote y deje salir sus sentimientos hacia el país que la mantiene a ella y a toda su familia con un gran nivel de vida. Cuando ha terminado la última sesión del juicio que imputa a su marido Iñaki de Urdangarín varios delitos la infanta ha dicho ante testigos: "Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país" nada más quedar el juicio visto para sentencia.

La Infanta recuerda con amargura los dos últimos años que han sido para ella y sus hijos un calvario en el que incluso los compañeros de colegio recordaban a sus hijos la imputación de sus padres en el Caso Noos. La Infanta y su marido aseguran fuentes de su entorno más próximo  siguen repitiendo hasta la saciedad que no han hecho nada malo ni tienen por qué arrepentirse. Y que cuanto más lo piensan, más se reafirman en su posición. 

La Infanta dice a quién quiere escucharla que Iñaki solo se dedicó a prestar asesorías a empresas y a administraciones públicas a través del Instituto Nóos. "Iñaki hizo su trabajo", insiste. La Casa Real supervisó todos sus movimientos y los bendijo. Y ella no hizo "nada que no haga cualquier otro español", por irregular que fuera. Cristina de Borbón ha llegado a poner como ejemplo el falso contrato de autoalquiler de su palacete de Pedralbes, que precipitó su imputación al pulverizar su línea de defensa, basada en que estába enamorada y no sabía lo que hacía cuando firmaba los documentos. Porque fue ella y no su marido quién firmó un falso contrato por el que simulaba el arrendamiento de su domicilio ante Hacienda para pagar menos impuestos por la vía de generar un gasto ficticio. Ante este hecho, Cristina de Borbón reconoce que si bien es una práctica irregular, está totalmente extendida entre la población española. "¿Quién no hace cosas de ésas?", se justifica.

En ningún caso se arrepiente o realiza el más mínimo acto de contrición y no está dispuesta a que la mayoría de ciudadanos actúe de esa manera y ella no pueda hacer lo mismo por ser Infanta de España.

La Infanta dice sentirse abandonada por su familia, y que ella y su marido están siendo víctimas de una "tremenda injusticia" y que son las "cabezas de turco" de una suerte de complot contra la monarquía que ha contado, siempre según su versión, con las más altas complicidades entre las que señala a la Reina Doña Letizia a quién achaca una ambición desmedida.

 

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